4 de agosto de 2017

Olaia y la montaña mágica, capítulo 2




Olaia sin la jaula era como un árbol tumbado por un rayo en mitad del camino, o parecía, tan hermosa sobre el barro, un ángel del cielo recién caído. Y así la encontró Mario. Medio rota. Y esto fue lo que pasó:

“-¿Te saco de ahí, o también me vas a poner mala cara?”.

Porque Mario, desde el balcón de enfrente la había visto en alguna ocasión renegarle a la Vasca que no la ayudara a ir del tocador hasta la cama, que ella podía, podía andar tres metros y hasta cuatro sin corsé y sin dar con los huesos en el suelo con poco que agarrara el pomo de una puerta o el quicio de algún mueble.

Olaia había salido al jardín porque hacía buena tarde y quiso ver de cerca un mirlo que sacaba del suelo una lombriz del tamaño de un dedo y quiso preguntarle en el idioma de los pájaros, obviamente, como era de frente el viento en la cara cuando volaba. Con tan mala suerte que aquel artilugio que llevaba debajo del vestido se enredara entre las ramas de una adelfa y la hiciera virar hacia babor y luego hacia estribor y así hasta acabar naufragando de boca sobre un charco.

“-Yo puedo sola”.

2 comentarios:

  1. He sentido esa jaula.
    Siento estar rodeada de un mundo de cristal.
    Siento a Mario al otro lado abriendo puertas invisibles por las cuales colarme....
    Poder sentir esa libertad.
    Poder ser quién yo quiera ser.
    Sin necesidad de nada ni nadie.
    Pasear desnuda en cuerpo y alma.
    Sin miedo.
    Poder estrellarme y hundirme.
    "Yo puedo sola"
    No quiero que nadie me sostenga.
    No quiero la lástima
    No quiero la pena
    No quiero la fuerza
    No quiero nada de nadie
    No quiero...
    Quiero ser un "Yo puedo sola"

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    1. ¿Quién no quiere ser un yo puedo? Lo pensamos mucho, nos acostamos incluso seguros de que mañana nuestro mundo va a cambiar. Aunque la mayoría de las veces no cambia nada porque simplemente, no hemos dado un solo paso en la dirección correcta.

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